En la clase de la Señorita Ana preparaban la visita al museo. ¿Qué es un museo?, preguntó Alicia

-Es la casa donde viven esculturas, pinturas y objetos de arte. Una casa muy especial con obras de artistas que se exponen para mostrarnos personas importantes, ciudades, pueblos, y la forma de vivir de las gentes.

¿Como una foto antigua? –preguntó una niña. –Eso es, contestó la Seño: los cuadros de un museo nos enseñan cómo se vivía, cómo se vestía y cómo se jugaba en distintas épocas.

¿Yo podría haber sido un pintor famoso? –preguntó Pedro.

-Claro, cualquiera con tal de que tuviera empeño, se le diese bien la pintura y contase con un buen maestro.

-Yo sé nombres de pintores famosos, dijo Carmen: Goya, Morisot, Picasso, Kahlo, Botero…

¿Y te gustan sus cuadros? –preguntó la Seño. –Bueno, a veces no los entiendo. Pero cuando me los explican me encanta mirarlos.

El día de la visita, poco después de entrar en el museo, Ángel quedó rezagado mirando el cuadro de una niña.

De pronto oyó una voz: ¿Te gusta mi gato?. Ángel miró alrededor; estaba solo. Sonó la voz de nuevo, esta vez más fuerte: Te he dicho que si te gusta mi gato. -¿Pero dónde estás?, ¿quién eres?.

Soy Julie, la niña del cuadro. Ángel se quedó mudo. ¿Cómo podía hablar una niña desde un cuadro?. Intentó huir de la sala. La niña dijo con voz triste: No te vayas, juega un poco conmigo, porfa… ¡paso tanto tiempo sola! Y se puso a llorar.

Ángel sintió pena y pensó: Somos tantos que la Seño no va a notar que falto; además, dentro del museo no me puedo perder… así que dijo a Julie: Bien, cómo jugamos?

-Es muy fácil: entra en el cuadro. Yo te doy la mano.

-¿Podré salir luego?, preguntó él un poco asustado.

-Claro, cuando quieras; tú dame la mano y salta adentro del cuadro. –No cabré. –Claro que sí, ya lo verás. Ángel agarró la mano de Julie y cerró los ojos. Cuando los abrió, estaba en la habitación del cuadro con la niña y el gato. –Me llamo Ángel, dijo. ¿Te aburres mucho en el cuadro, siempre en la misma postura?.

–A veces. Estaba muy contenta cuando me pintaron porque me gustaba verme; después me cansé un poco. Cuando me vendieron al museo, me hizo muchísima ilusión: mi papá es Manet, el famoso pintor y, claro, venía mucha gente a verme. Ahora me encanta ver la cara que ponen los niños cuando les guiño un ojo, les sonrío o les saludo con la mano.

¿Y si te ven los mayores? –Esos nunca lo notan, y si alguien les cuenta lo que hago, no lo creen y dicen que se lo está inventando.

-¿Eres algo traviesa, no?. –¡Qué va!, me divierto como puedo. ¿A qué quieres que juguemos, Ángel? –No sé, tú vives en el museo, yo no. –De acuerdo: te enseñaré cuadros donde se ven niños. –Estupendo, Julie, buena idea. –Ayer trajeron unos cuadros; son de niños jugando, vamos a verlos, aunque puede que estén durmiendo. –Pero, Julie…¡es de día! -Ya, pero estarán muy cansados del viaje.

Los pintó Francisco de Ho.. Hoya o .. –¡Goya, Julie!: Francisco de Goya, pintor español de hace casi tres siglos. Mira a esos dos, Julie, ¿qué hacen, inflando un globo?. –No, hombre: se están haciendo un balón, para jugar, con la vejiga de un cerdo.

-Venid, venid, estamos inflando un balón, dicen los niños. -¿Para jugar al fútbol? .-Pero qué es eso de fútbol –pregunta Mateo desde el cuadro. –Pues lo que se ve en la Tele. -¿Y qué es la Tele esa, dice el compañero de Mateo a Julie. –A mí no me preguntéis, que yo tampoco entiendo a mi amigo. (Ángel comienza a explicarse: Pues, pues… ‘vaya, qué tontería’, piensa: ¡si hace casi tres siglos no se había inventado el fútbol, ni la tele!).

-¿Y a qué más jugáis? –Pues a ser soldados con espadas de madera, y también al burro. –Eso sí lo conozco, dijo Ángel: aún se juega, me encanta.

-También tenemos juguetes: son de madera: carruajes, caballitos, tambores, flautas…

-El otro día, un caballo se salió de un cuadro y su amo recorrió todo el museo buscándolo, dijo Julie.

-¿Y lo encontró?, preguntó Ángel. –Sí, poco antes de abrirse el museo, pero su amo tuvo que cantarle una canción para que volviera al cuadro. –¡Pues sí que pasan cosas en el museo!, dijo Ángel. ¡¡Bueno, ya lo creo…!!, aseguró Mateo el de la vejiga, ¡Y por la noche cuando todo está a oscuras, ni te imaginas…!

-Oíd esas voces, hay gente cerca; tengo que volver a mi cuadro, dijo Julie. ¡Corre, Ángel, que nos van a descubrir!

-Adiós, amigos, se despidió Ángel, ¡Hasta otro día!

–¿Habéis visto a mi gato?, seguro que está paseando por las salas… miss, misss, misss. (el gato acude corriendo y se sube a los brazos de Julie).

Los tres entran en el cuadro. Un niño mira el folleto del museo y le dice a su madre: ¡Mamá, ese niño no está en la fotografía del cuadro!.

Ángel, en un descuido del niño sale del cuadro. La mamá del chico mira el cuadro y dice: No digas tonterías: en el cuadro solo están la niña y el gato. -¡Pero mamá…!

-¿Ves, hijo, ves? Has comido demasiadas chuches.

Mientras, Ángel dice adiós a Julie. Ella le saluda con la mano.

-Mamá, mamá, mira –repite el niño al ver a Julie mover la mano.

-¿¡Pero otra vez con lo mismo, hijo!?

Los compañeros de Ángel salen del museo. Este se une al grupo.  -¿Qué os ha parecido la visita al museo?, les pregunta la señorita Ana.

Muy bien, muy chuli, repiten a coro; una experiencia genial. Única, súper -añade Ángel sonriendo. Otro día volveré a visitar a Julie, dice para sí.

FIN

©Mª Teresa Carretero García

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