Tres Refranes-QUIEN MUCHO HABLA MUCHO YERRA:

Pepe es un niño simpático y agradable, es inquieto y le gusta enterarse de todo lo que sucede alrededor; pero a veces habla cuando no le toca. Un día lo llamó la directora del colegio a su despacho para darle un recado de parte de su mamá. Mientras esperaba que lo atendieran, escuchó una conversación entre la directora y el jefe de estudios. Cuando volvió a clase, contó a su compañera de pupitre lo que había oído. Guárdame el secreto, le dijo; el próximo mes tendremos en las clases pizarras electrónicas y tablets para hacer las tareas. Su compañera Laura se puso muy contenta y lo contó a una amiga y esta a un amigo, y así… Pasó un mes, pasó otro y no llegaron ni las pizarras ni las tablets. Laura, extrañada, le preguntó a Pepe: ¿estás seguro de que oíste bien? – Claro, dijo Pepe algo enfadado; es lo que yo oí. En otra ocasión, su papá le dijo en secreto que harían los tres un viaje al mar. Pepe no pudo callar y se lo contó a su mamá; esta esperaba impaciente que el padre le dijera que harían un viaje, pero al papá le surgió un problema en el trabajo y no pudieron hacerlo. El niño lo había contado en clase y los compañeros y compañeras le preguntaban entre risas ¿Cuándo te vas a la playa? –Pronto, contestaba. Pero al final el viaje no se hizo. Un día, la profesora lo llamó y le dijo: Para la fiesta del colegio, ¿harías un número musical con tu compañera Laura? Os he visto bailar y cantar y lo hacéis muy bien. Pepe se puso muy contento y le dio las gracias a la profesora. En el recreo sintió ganas de contarle a Laura lo que la profesora le había propuesto, pero lo pensó y dijo para sí: Mejor que se lo diga la señorita, no vaya a ser que luego no se haga y yo quede mal, porque ‘quien mucho habla mucho yerra’. Y esta vez Pepe fue capaz de callar y no abrir la boca hasta que la señorita se lo comunicó a su amiga Laura.

Tres Refranes: A BUEN HAMBRE NO HAY PAN DURO
Sofía era una niña muy especial para la comida. Siempre ponía pegas a lo que había en la mesa: si había patatas cocidas, las prefería fritas. Si la mamá había hecho pescado, ella quería carne. Si el postre era natillas, prefería fruta. Su mamá estaba ya aburrida.
Sofía, eres intratable, le decía: No puedes despreciar el trabajo que he hecho en la cocina. Pero Sofía pensaba: No será tanto.

De poco servía que la mamá le hubiera explicado que se ha de comer de todo para desarrollarse y tener buenos huesos y músculos.
Una noche su mamá tomó una decisión: la enviaría en vacaciones a un campamento de verano. Ella prefería quedarse en casa, pero como lo habían pagado, tuvo que ir. Aunque Sofía se inventó enfermedades para no ir, cada vez que se inventaba algo, la mamá lo descubría.
Llegado el día de ir al campamento, Sofía se había hecho con provisiones que le gustaban: chuches, chocolates, latas de atún… Se sentaría en una mesa de buenas comedoras y les pasaría a ellas su comida cada vez, sin que la descubrieran las monitoras. Y así lo hacía… hasta que un día se le terminaron sus provisiones. Las compañeras comían contentas y felices, pero ella pensaba en las comidas tan ricas de su mamá, que antes había despreciado. ¡Qué arrepentida estoy! ¡Y olían tan bien…! Ahora me comería cualquiera de ellas. A los dos días de comer solo pan y yogur, le fallaban las fuerzas y cuando llegó la hora de la comida, al ver que traían puré de verduras, dijo a la monitora: por favor, lleno hasta arriba. Sus compañeras se miraron sorprendidas sin poder creer lo que veían. Sofía se rió y dijo: Muchachas: A buen hambre no hay pan duro.
Y nunca más se quejó de las comidas de su mamá

Tres Refranes: CADA LOCO CON SU TEMA
La familia de Susana es una familia muy divertida. El papá es ingeniero y le encanta coleccionar fósiles marinos: tiene una vitrina llena de ellos. Los recoge en las playas y en lugares donde antes estuvo el mar. Los estudia, los clasifica y los ordena. A veces Susana y su hermano Daniel le piden que les hable de sus fósiles y él les cuenta muchas historias sobre ellos.
La mamá es profesora de música y su afición favorita es buscar en los anticuarios y mercadillos partituras antiguas. Las encuaderna y las guarda en una estantería que tiene junto al piano; un día les enseñó una que tiene cinco siglos de antigüedad y es su partitura favorita.
Susana y Daniel andaban un tiempo pensando qué entretenimiento elegirían. Un día dijo él: Susana, ya he pensado qué entretenimiento quiero tener. ¿Cuál?, preguntó Susana. -Pues formaré una pequeña biblioteca y se llamará ‘Cuentos del Mundo’. –Muy buena idea, Dani; yo te regalo de los míos los que quieras.
Gracias, hermana; si quieres, podemos hacer la colección los dos. –Te lo agradezco, pero yo prefiero tener mi propio hobby. -¿Sabes ya cuál será, Susana? –Pues sí: construiré cometas de todas las formas, tamaños y colores.
-¡Qué buena idea!, ¿me dejarás que te ayude? –Claro, para algo somos hermanos.
Los fines de semana, cada miembro de la familia se dedicaba a su entretenimiento favorito. A veces en la comida contaban en qué trabajaban en ese momento.
Es bueno divertirnos con lo que nos gusta, decía Susana. –Claro, asintió la mamá, eso nos hace sentirnos más seguros y saber lo que queremos.
-¡Qué suerte, que a cada uno nos guste un entretenimiento diferente!, dijo Daniel: así cada uno va a su bola y hace lo que quiere.
Llevas razón, dijo el papá: en esta casa ‘cada loco con su tema’.
Y todos rieron a carcajadas.

© Mª Teresa Carretero

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