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REFRANES: Cielo empedrado, Hasta el cuarenta de Mayo, Dos no discuten

REFRANES: Cielo empedrado, Hasta el cuarenta de Mayo, Dos no discuten

Los refranes guardan el saber tradicional que nuestros mayores fueron acumulando a través de siglos.

Hoy os trae eldragonenano uno sobre el tiempo que va a hacer según veáis el cielo, otro sobre cómo de abrigado hay que ir ; un tercero nos recomienda tratar de persuadir pero sin llegar a discutir. Ver también su versión inglesa en eldragonenano.com.

 

CIELO EMPEDRADO, VIENTO O SUELO MOJADO

Carlitos y Ana son hermanos y viven en la ciudad. Un año fueron para Semana Santa a casa de unos amigos en un pequeño pueblo. Carlitos y su hermana pasaban el día recorriendo el pequeño pueblo. Carlitos dijo a su hermana: ¿has visto el viejo molino? -No, dijo ella. -Pues es precioso. Ayer un señor lo puso en marcha; me dejó pasar dentro y pude ver cómo el trigo se convertía en harina… me encantó verlo. ¿Te parece que vayamos mañana y lo veamos? .- Me encantaría verlo y hablar con el señor del molino, dijo él.  Así conocieron a Antonio el molinero y con él aprendieron muchas cosas. Les llevó a pescar en el río, a observar los pájaros, les contó historias antiguas. Aprendieron con él que cuando los gatos vienen más pronto a cenar, significa que va a cambiar el tiempo. Una tarde le preguntó Carlitos: ¿cómo has aprendido todo lo que sabes? -Me lo enseñó mi padre, y a él su abuelo. Voy a enseñaros  cómo saber cuándo va a llover. -Eso no se puede saber, dijo Ana.  Claro que se puede saber, dijo Antonio. Solo tienes que observar el cielo; las nubes se pueden leer. – Y cómo?, preguntó Carlitos -yo no veo ninguna letra en las nubes, dijo.-No las hay, solo tienes que observarlas atentamente, dijo Antonio. Hay varias clases de nubes: las alargadas traen buen tiempo, las que parecen coliflores de algodón traen lluvias y las de color anaranjado que ves al meterse el sol traen viento.

Qué divertido es leer las nubes, dijeron los niños. Y dijeron los dos a un tiempo: ¿Y esas nubes, que parece que el cielo está empedrado? -Esas nos traerán viento o dejarán el suelo mojado. Al día siguiente los niños iban al molino con paraguas. -¿Dónde váis con paraguas, si no llueve?, les dijo su mamá. -Pero lloverá, respondieron ellos a un tiempo. La mamá se quedó pensativa, pero al rato miró la ventana y vio cómo la lluvia mojaba los cristales.  Cielo empedrado, viento o suelo mojado.

HASTA EL CUARENTA DE MAYO, NO TE QUITES EL SAYO

La excursión anual del cole tenía lugar a mediados de mayo. Ese año iban a un lugar boscoso con un bonito lago, muchas aves diversas y animales del bosque, como jabalíes y ciervos. A Julia y Manuel les encantaba todo ello. En verano irían a una campamento infantil de supervivencia, y estaban encantados .

Julia preguntó a Manuel: ¿has aprendido a hacer fuego? No, respondió ella; eso nos lo enseñarán en el campamento; ¿y tú, Manuel?.- Yo lo he mirado en Internet y lo he intentado pero no me prende. -Bueno si sabes ya hacer las cosas, no te podrán enseñar nada. -Eso creo yo, dijo él.

A mí me encanta dormir en una tienda que hayamos hecho nosotros, añadió. -Buena idea, dijo Julia, pero  espero que no nos pase como a Úrsula: el monitor les dijo que asegurara mejor una cuerda; ella no lo hizo y por la noche el viento les tiró la tienda. -¡Pues vaya una faena!, dijo Manuel.

Claro, explicó Julia: las cosas hay que hacerlas bien y no hay que correr para terminar pronto.

El día era caluroso. Poco a poco se adentraban más en el bosque. Sacaron los bocatas, comieron y descansaron. Manuel dijo: hice bien en no traerme la chaqueta del chándal: hace bastante calor y ahora me estorbaría. Las mamás siempre piensan que pasamos frío. -No creas, dijo Julia: las mamás siempre están en todo, lo saben todo y siempre aciertan. -Pues hoy, dijo Manuel, parece que se han equivocado: hace un día de verano.

Por el cielo aparecieron unas nubes y en poco tiempo el sol desapareció. Bajó la temperatura y ya no parecía un día de verano. Julia sacó de la mochila una rebeca y se la puso; tenía frío. Manolito estaba callado y se frotaba los brazos. -Tienes frío, Manuel, dijo Julia. – No sé… bueno, un poco quizá. -Qué dices ‘un poco’ … te oigo los dientes castañear. -Bueno, bien, sí tengo frío; me vendría bien ahora mi chándal, que es bien calentito. -Claro, dijo Julia, como decía mi abuela: hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo.

 

 

 

DOS NO SE PELEAN SI UNO NO QUIERE

Como cada mañana, Marina salió al recreo, pero algo más tarde: se había entretenido con la profesora. Los demás estaban ya comiendo sus bocatas. Nadie decía nada, todos callaban. -¿Qué os pasa? estáis todos callados en lugar de charlar como siempre. -Hoy es distinto, dijo Pedro. -Ya veo, pero por qué. Y Carlota le explicó: Habíamos pensado decirle al director que para el día del maestro queríamos hacer una función. -Buena idea, dijo Marina; podéis contar conmigo. -Lidia -continuó Carlota ha escrito una historia muy chuli y Ramón tiene unas canciones preciosas. -¿Y dónde está el problema si tenemos todo lo necesario?

-Es que Amelia dice que eso es una tontería y quiere que se haga lo mismo del año pasado. -Yo pienso, dijo Marina, que siempre está mejor probar con algo nuevo: así podríamos hacer nosotras el vestuario y los decorados. Ana propuso que su madre haría el maquillaje y peinados y que su padre podría prestarles de su tienda el equipo de sonido y controlar esa parte. No hay ningún problema. -Sí, hay uno y bien gordo, dijo Pedro: Hemos de estar todo el grupo de acuerdo al proponerlo y Amelia solo sabe discutir y poner pegas. -Discuto porque se tiene que hacer lo que yo diga -terció Amelia.

Pero Amelia, dijo Marina: “dos no se pelean si uno no quiere“, dice el refrán, y yo… no quiero discutir. Así que vamos a jugar y si este año no hacemos la representación, ya la haremos el año que viene. Venga, a jugar, que se va a terminar el recreo.

© María Teresa Carretero García

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