Un niño jugaba en la calle con un bote de agua jabonosa. La primera pompa era preciosa, con muchos colores.
Cuando comenzaron a salir muchas pompas, Bibi, una de ellas, vio que un grupo de tres salieron juntas. Ella aprovechó para salir corriendo y escaparse a vivir una aventura. Estaba muy contenta. Nunca había salido del bote.
No sabía adónde dirigirse. Pensó: lo más fácil es dejarme llevar por el viento.
Mientras, aprenderé a moverme.
Al doblar una esquina, se encontró con un carrito de helados; tuvo que dar un gran salto para no caer dentro de los helados de fresa.
A lo lejos vio un jardín con muchos árboles y se dijo: descansaré un poco, así me repondré del susto.

Un perro la vio y corrió hacia ella. Bibi huía de su perseguidor; soplaba y soplaba intentando elevarse. El perro alzaba las patas y casi la rozaba.
La pompa gritaba: socorro, socorro, y temblaba de miedo.
Socorro, que me persiguen, ayuda, por favor.
Un pajarillo, desde una rama observaba la escena. Rápidamente voló a ayudar a la pobre pompa.
-Hola, pompa guapa, ¿necesitas ayuda?
-Sí, por favor, no me quedan fuerzas, me voy a desmayar…

El pajarico, con gran cuidado levantó la pompa con su pico…
Echó a volar y la subió al árbol.
La pompa pronto se quedó dormida.
El pajarico la tapó, se sentó junto a ella y se dijo: ya tengo una amiga para jugar.

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