Aquel verano María esperaba impaciente en casa de sus abuelos la llegada de una niña africana que pasaría con ellos las vacaciones de verano en la casa del pueblo. Se llamaba Yala. Nunca había tenido juguetes; sus papás no tenían dinero para regalárselos.  Ella y sus amigas jugaban poco porque no tenían tiempo para ello. Yala era feliz haciendo las tareas de la casa al volver del colegio, observando los pájaros y los animales en las cercanías de su casa. 

En su primera noche en el pueblo, María se despertó y no vió a Yala en la cama. Se preocupó mucho: la buscó por la habitación, y cuando ya iba a llamar a sus papás, vio en un rincón del cuarto a Yala durmiendo en el suelo.

¿Qué haces en el suelo?, ¿es que te da miedo la cama? -No me da miedo, prefiero dormir en el suelo, que es como siempre lo hago en casa. -Bueno, dijo María; yo te acompañaré. Cogió del armario una colchoneta y las dos durmieron sobre ella.

Muy temprano, Yala despertó a María diciendo: Vamos, hay que ir por leña para encender el fuego; luego iremos al pozo a sacar agua para cocinar. Después de almorzar será cuando saquemos las cabras a pastar.

-¿Qué dices, Yala? respondió María. Aquí no hace falta que los niños hagan todas esas cosas; el agua la tenemos por el grifo: ya viste anoche que mi mamá llenó una jarra. Y el butano, que está bajo el fregadero, nos da fuego para un mes. Los animales los pastorean los mayores.

Yala se quedó muy pensativa y dijo: ¿Y cuándo haces tú las tareas de la casa?. María le explicó: Yo solo ayudo a preparar el desayuno, pongo y quito la mesa y hago mi cama.

-¿Y eso es todo?, preguntó Yala. Pues claro, replicó María. –¿Y qué haces con todo el tiempo que tienes libre? –Jugar, leer, pasear, bañarme en la piscina… y a veces hasta me aburro. -Y… ¿eso qué es?,  ¿ es un juego? No lo conozco.-María rió a carcajadas y dijo: No es ningún juego: Es que cuando no sabes qué hacer y tienes muchas cosas para elegir, como no sabes cuál  escoger, te aburres.

-¿Y te puedes aburrir con tantos juguetes? -Claro, respondió María; a veces muchísimo.  Pues no lo entiendo, dijo Yala: En mi país no tenemos tiempo ni de jugar ni de aburrirnos. Si jugamos alguna vez, lo recordamos durante mucho tiempo.

Yala propuso: ¿Por qué no borráis de los libros esa palabra? Es algo tonto e inútil que no sirve para nada.

-Ahora que lo pienso, llevas razón, Yala. Voy a proponer a mis amigos y amigas tachar la palabra aburrimiento de nuestras costumbres.

-Muy buena idea, dijo Yala.

-Oye, Yala :¿Quieres que te enseñe a jugar nuestros juegos? -Sí, sí: me encantaría aprender tus juegos, María.

Las dos niñas fueron al jardín a jugar. Al rato llegaron los amigos y amigas de María y todos juntos se divirtieron un montón. Jugaron a muchas cosas y Yala les contó increíbles historias de África, que sorprendieron a todos. 

Al terminar el verano, Yala volvió a su país. Al despedirse de su amiga María, esta preguntó: ¿Volverás el verano que  viene?

-Si me invitas, claro que sí, con mucho gusto –respondió Yala.- Pero no te olvides de nosotros. -No, por supuesto: os escribiré. —Hasta el verano, Yala.-Adiós, amiga.

 

That summer María was impatiently looking forward to the arrival of an African girl at her grandparents; she would spend the summer holydays with them at their village house. Her name was Yala. She’d never had any toys; her parents couldn’t afford that kind of presents. Nor did she or her friends have much play time, anyway.  She was happy enough doing house chores after she came back from school or watching the birds and animals around her house.

The first night Yala slept at the village, María woke up but did not see Yala in her bed. She worried a lot and looked around. She was about to call her parents when she saw Yala right in a corner quietly sleeping on the floor.

Why are you lying on the floor? Are you afraid of the bed? –I am not afraid, only I’d rather sleep on the floor, as I always do at home. -Fine, I’ll acompany you, María said. She took a mat from the wardrobe and they both slept on it. Yala woke María up very early saying: Come on, we should be collecting firewood to light the stove. Then we’ll go and raise water from the well to cook. It will be after breakfast that we’ll be taking the animals out to graze.

-What are you saying, Yala? answered María. There’s no need here for children to do all those chores; we get the water from the tap: you saw for yourself how my mum filled a jug. As to the fire, a gas cylinder, by the sink, allows for a whole month’s fire. The animals are taken to graze by the grown-ups.

Yala thought a long while, then said:  So when do you do the house chores, then?. María explained: I only help to prepare breakfast, lay and clear the table and make my bed.

-And that’s all?, asked Yala. -Just that, María said.  –And what  do you do with all your spare time?. –I play, read, walk, swim in the pool… and sometimes even get bored. -What is that?: Is it a game? I don’t know the `bore’ game.-María let out a peal of laughter and said: That is no game. It’s just that when you don’t know what to do and there’s plenty to choose from, you just can’t decide, you do nothing so you ‘get bored’.  

– But can you get bored with so many toys?. -Sure, you sometimes can get really bored, María answered.  –I still can’t understand, said Yala: In my country we have no time to play or to get bored. If we ever play, we remember it for a long time. Yala suggested: Why don’t you delete that word from the books? It’s something definitely silly and useless. -Now I consider it, I think you are quite right, Yala. I will propose my friends to delete ‘boredom’ from our habits.  

-Good idea, Yala said.

Listen, Yala. Would you like me to show you how to play our games? –Oh, yes, I would love to learn your games, María.

The two girls went to the garden to play. They were later met by María’s  friends, and they all had great fun together. They played many different games and Yala told them incredible African stories, which they all found quite surprising.

When the summer ended, Yala returned to her country. On seeing  Yala off, María asked: Will you be coming next summer?

-If you invite me to, definitely, it will be such a pleasure –Yala answered. – Please, never forget us, Yala. –Of course not; I’ll write you, I promise.

See you next summer, Yala. -Adiós, María, my friend.

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