LA CASITA DE JOEY

Joey era un jovencito perro vagabundo que solo tenía un pensamiento: construirse una casita donde vivir y resguardarse del frío y la lluvia en invierno y del sol en verano.

Con mucho esfuerzo se construyó la casa: era la más bonita que hubiera podido construir un perro.

Por fin vio cumplido su sueño. Entonces pensó: quiero enseñársela a mis amigos… Pero pronto le entró miedo y se dijo: si dejo la casita sola, la pueden ocupar y me la pueden estropear y romper las cosas que tengo dentro y que me gustan. Si pasara eso, sería horrible.

Tomó entonces una gran decisión: nunca me alejaré de mi casita.

A los pocos días comenzó a aburrirse de estar siempre vigilando la casita. ¡Qué fastidio!, se dijo. Antes no tenía donde guarecerme, pero todo el campo era mi casa y podía jugar con otros animalillos y divertirme…

Entonces comenzó a ponerse triste. Se le quitaron las ganas de ladrar y de correr alrededor de la casita. ¿Por qué ahora solo quiero llorar si ya tengo mi casita y soy feliz? No lo entiendo.

Un soplo de aire que jugaba con una hoja lo miró y dijo: Estás triste porque pasas todo tu tiempo vigilando la casa.

Es verdad, respondió Joey. Antes no tenía donde dormir, me mojaba, pasaba frío, pero me divertía un montón. ¿Cómo haré para ser como antes?

Un rayo de sol  lo escuchó, se paró y le dijo: No vigiles tanto tu casa y pásatelo bien con tus amigos. Joey quedó muy pensativo: ¿Tendrá razón el rayo de sol? ¿Es posible que me haya olvidado de mis amigos?

Pensando y pensando tuvo una gran idea: Haré una fiesta para que todos vean mi casita.

 

A todos les entusiasmó su casa y admiraron las buenas artes de Joey para la construcción.

A partir de entonces, la casita fue importante para él porque ya tenía dónde resguardarse y no era ya un perro vagabundo, pero los amigos fueron ya lo más importante de su vida.

FIN

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