La iluminación navideña alegraba la ciudad.
Ya casi estamos en Navidad, dijo la mamá de Guille. Sí, respondió este: ya estoy pensando en los dulces, las vacaciones los regalos…
¿Sabes ya qué pedir a Papá Noel y a los Reyes Magos?
-Aún no lo sé.
-Pues ya puedes pensarlo porque pronto recogerán las cartas.
-Pero es que no sé qué pedir.
– ¿Estás enfermo, hijo? ¿Cómo no sabes qué pedir? Eso es nuevo en ti; el año pasado escribiste una carta de tres folios.
-Sí, pero es que pido los juguetes y luego no tengo con quién jugar.
-Es cierto, hijo. El cole está lejos y los amigos y amigas no viven en este barrio.
– Y además en toda esta calle no hay niños ni niñas de mi edad con quienes poder jugar.
– No te preocupes, Guille; ya vendrán nuevos vecinos que tengan niños…
-Eso lo dijiste el año pasado y el anterior y luego no viene nadie.
-Podemos jugar contigo papá y yo.
-Ya, pero jugar siempre con mayores es muy aburrido. Y con mi gato Niki solo puedo jugar al fútbol, con su pelotita: ayer me paró un gol con el rabo… pero ¿sabes? Se cansa pronto y pierde el interés, porque lo que le gusta es atrapar la pelota, se la lleva entre los dientes, se esconde y ahí termina el juego.
-Bueno, tú escribe la carta, que pronto podrás jugar con niñas y niños que vengan a esta calle.
-Esa noche Guille se durmió pensando en lo que le había dicho su madre.
Al día siguiente, en el recreo, todos hablaban de las cartas que habían escrito a los Reyes Magos y a Papá Noel.
¡Vaya!, mamá tenía razón: todos mis amigos ya tienen sus cartas escritas. Esta noche Niki y yo escribiremos a Los Reyes Magos y a Papá Noel.
Después de cenar subió Guille a su habitación. ¿Te acuestas muy pronto hoy, no?, dijo la mamá. No es eso, es que voy a escribir la carta a Papá Noel y a los Reyes Magos.
-Pues entonces, hasta mañana, Guille. Hasta mañana, contestó el niño.
No tenía Guille muy claro qué les pediría. Se echó sobre la cama y se puso a pensar, mientras acariciaba a Niki. Se concentraba mejor cuando oía su ronroneo.

De pronto dijo: Niki, vamos a escribir la carta. El gato saltó sobre el escritorio para estar bien cerquita de su amo. Guille empezó a escribir.
“Queridos Papá Noel y sus Majestades los Reyes Magos de Oriente”: Les extrañará que les escriba una carta que es para los dos, digo los cuatro, pero es que es una petición muy, muy difícil y necesito la ayuda de todos ustedes.
Todos los años me traen muchos juguetes, libros, cuentos, ropa y chuches. Pero este año, lo que les pido es otra cosa: QUIERO UN AMIGO QUE VIVA EN MI CALLE para poder jugar con él y divertirnos.
Ya sé que es una petición un poco extraña, pero como ustedes pueden hacerlo todo, confío en que me ayudarán. Los niños tenemos que jugar con otros niños y niñas y eso no lo puedo hacer; solo jugar con mi gato y aunque me divierta, Niki no es una persona y no puede contestarme cuando le hablo.
Sé que vuestros carteros saben mucho y podrán hacerles llegar mi carta. Les pido también cuentos y libros de aventuras: me gustan todos. Para Niki les pido una camita nueva y un pulpo de lana para jugar.
Dándoles las gracias, les mando muchos besitos míos y de mi gato Niki. Guille.
Al día siguiente fue con su madre a entregar su carta al Cartero Real. Solo quedaba esperar con ilusión y confianza…
El día de Navidad se levantó muy temprano. En el salón, junto al Árbol estaban los libros de cuentos y de aventuras y la camita de Niki. Se vistió y salió a la puerta. No había ningún vecino nuevo con niños…
Guille pensaba: Bueno, mi petición es muy difícil… A lo mejor me traen mi deseo los Reyes Magos. Esperó pacientemente. El día 6 había en el salón libros, cuentos y el pulpo de Niki. Salió a la puerta y esta vez tampoco había vecinos nuevos con niños.
Lo que he pedido era muy difícil y complicado de conseguir, quizá lo han estado intentando hasta el último momento… bueno, otra vez será, dijo Guille.
Han terminado las vacaciones y sigo sin amigos para jugar, solo tengo a Niki y mis papás.
Al volver del cole por la tarde, había frente a su casa un camión de mudanzas.
¡Anda!, vecinos nuevos, dijo. Y hay un niño… ¡Pero si son dos! ¡son dos!
Dos gemelos idénticos de la edad de Guille salían de un coche que acababa de llegar.
¡Gracias, Papá Noel, gracias Reyes Magos!
Y corrió adentro de casa a contárselo a su mamá.
FIN

©M T Carretero García

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