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El Hada y la Brujita

El Hada y la Brujita

Marila, joven hada, paseaba por el bosque una mañana. Tras unos pinos vio una casita. Se acercó al oír risitas y vio a  una niña y un gato jugando.

Marila se sonrió, pues le gustaba la gente alegre. Miró por la ventana la habitación y vio ropa por el suelo; había platos en la mesa con comida seca y en el suelo mondas de fruta. Pensó: esta niña vive sola; si viviera con su mamá o papá, le habrían enseñado a ser ordenada y limpiar la casa.

Miró hacia otro rincón y vio una escoba que el hada enseguida reconoció.

Qué horror, dijo Marila tapándose la boca: es una brujita pequeña. ¡Qué extraño que viva sola!.

Otro día, la vio en la puerta de la casa con su gato, que llevaba una patita vendada y un bastón.

¿Qué le ha pasado?, le preguntó el hada. La brujita respondió: el rabo se le enganchó en una teja rota y se cayó del tejado sin tiempo de dar la vuelta y caer de pie.

¡Qué disgusto!, dijo el hada. ¿Y no conoces tú ningún remedio de brujita para curarlo? Hierbas, conjuros…

La niña respondió: no sé qué son esas cosas. Como soy pequeña y vivo sola, no tengo a nadie que me enseñe.

No te preocupes, dijo Marila, ya aprenderás. Eso espero, dijo la niña.

Por cierto, cómo te llamas? Yo me llamo Yoli y mi gato Tramposo.

Bonito nombre para el gato de una brujita, dijo el hada.

Marila convocó para esa noche, una reunión urgente de hadas.

Amigas, dijo, os he llamado porque tenemos un problema. ¿Qué pasa?, dijeron.

Hay una niña que vive sola en el bosque. Nos sabe limpiar ni ordenar la casa ni qué debe comer, ni como obtener comida en el bosque.

Bueno, dijo el hada mayor: lo urgente es que aprenda a buscarse el sustento. Lo demás, ya lo aprenderá.

Un hada joven dijo: tengo una idea. Nosotras podemos ordenarle la casa y hacerle la comida con nuestra varita mágica. El hada más anciana dijo: eso se puede hacer como algo extraordinario o especial, pero la niña debe aprender a ser ordenada y a vivir como todo el mundo.

Pero… dijo Marila: hay un grave problema que debéis saber.

Rápido, dijo un hada joven, que la luna me está esperando para enseñarme una canción.

El hada anciana volvió a hablar y dijo: Si estamos tratando algo importante, lo demás espera ¿Entendido, jovencita?…

Pues como os decía, hay que resolver un grave problema.

Cuéntalo ya, que nos tienes en ascuas, replicaron varias hadas.

Marila dijo en voz baja: pues que es una brujita.

Habla más alto, le dijeron: no te oímos. Pues que es una brujita, dijo.

¿Quéee? Será una broma, ¿no?, gritó un hada. No, no, nos estás tomando el pelo, dijo otra.

No, dijo Marila, es una brujita, una brujita de verdad.

Se formó un gran alboroto. Todas gritaban y decían: ni hablar, ni hablar. No queremos una brujita.

Un hada tomó la palabra y dijo: Lo siento, Marila; las hadas y las brujas no son amigas; no te podemos ayudar.

Por favor, por favor, repetía Marila; dejadme que me explique. Bueno, dijo otra hada, pero rápido..

Vive sola y nadie la ha instruido en los secretos y magias de las brujas.

¿Y tú cómo lo sabes?, preguntó un hada. Porque tiene un gato que lleva una pata vendada y bastón, y no lo ha sabido curar: eso es una de las primeras cosas que aprenden las brujas.

¿Estás segura de que es una bruja? Insistió otra. Segurísima, dijo Marila: tenía en un rincón una escoba de bruja y eso, cualquier hada lo sabe reconocer. Si le ayudamos, podemos conseguir que sea una bruja buena.

Un hada dijo: buena, buena, eso es difícil. La más anciana de las brujas comentó: Yo he conocido brujas buenas; no muchas, pero sí las hay.

Todas las hadas callaron, luego hablaron entre ellas, y la más anciana dijo: Marila, te responderemos la próxima luna llena. Pero… replicó Marila. No te impacientes, respondió la anciana: es pasado mañana. Y se despidieron todas.

Marila, sin perder el tiempo, comenzó a instruir a la brujita. Si las demás no me ayudan, lo haré yo sola, pensó.

Enseñó a Yoli a reconocer en el bosque los alimentos que podía comer. La niña aprendía rápido y estaba encantada de tener una maestra. Pronto reconoció las hierbas del bosque comestibles y saludables.

En la reunión de hadas, Marila les dijo que la niña se llamaba Yoli y el gato Tramposo.

El hada más anciana dijo: te daremos la oportunidad de enseñar y educar a la niña. Será tu responsabilidad.

El hada se trasladó a vivir cerca de Yoli y Tramposo. Le enseñó todo lo que debía saber para poder vivir. Pasó el tiempo y la niña se hizo mayor. Un día el hada le explicó a Yoli: Yo soy un hada y tú una brujita.

Yoli, se sorprendió: ¿Cómo me has enseñado lo que sé si las brujas y las hadas no son amigas?

Marila, poniéndole la mano en el hombro le dijo: porque estabas sola y necesitabas ayuda, y yo te la di.

A ti corresponde ser una bruja buena o una mala: es tu elección. Pero lo que decidas no podrás cambiarlo después. Ten mucho cuidado con lo que eliges.

Meses después encontró a Yoli y a Tramposo. Iban con un niño y una niña. ¿Dónde vas, Yoli? Dijo Marila.

A llevar a estos niños a su casa: se han escapado y ahora no saben volver. Tienen miedo y quieren estar con sus papás.

Me encanta mi trabajo de ayudar a la gente en el bosque, dijo Yoli. El hada sonrió y abrazó a Yoli: Te quiero, Yoli. Y yo a ti, Hada Marila.

        FIN

© Mª Teresa Carretero

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