Helios y Faetón

Faetón era el hijo de Helios. Su padre conducía el carro del Sol desde el amanecer hasta el anochecer. Un día quiso pedir a su padre un deseo; él le contestó: pide lo que quieras, yo te lo concederé.

Faetón era caprichoso y dijo a su padre: déjame conducir el carro del Sol. Y pensaba: ahora verán mis amigos que soy hijo del Sol.

El padre se puso muy triste al oír ese deseo. Le dijo:

¡Cuánto lo siento, hijo mío: es el único deseo que no puede concederte!.

Faetón, muy enfadado, dijo: No me lo concedes porque no eres mi padre. Si de verdad lo fueras, me lo concederías.

Tanto y tanto insistió, que el padre, por fin, le dejó conducir el carro del Sol.

Faetón no escucha consejos

Antes de subirse él  al carro, su padre le dio muy buenos consejos.

Dijo: hijo, has de conducir con mucho cuidado, pues los caballos no te conocen y se pueden asustar. Siempre seguirás el camino marcado, sin apartarte nada de él. Nunca sueltes las riendas, pues los caballos se desbocarían.

Utiliza tu inteligencia para solucionar los problemas que surjan. Y no seas alocado. Cuando haces algo por primera vez, tienes que hacerlo despacio, hasta que te hagas con el control.

Faetón no escuchaba a su padre. Sólo pensaba en poner los caballos y el carro de fuego en marcha y que sus amigos lo vieran.

El desastre

Por fin, tomó las riendas y comenzó a dirigir el carro del sol.

Pronto los caballos vieron que no sabía conducir y se pusieron inquietos.

Faetón se confió y espoleó fuerte a los caballos, que de tanto correr comenzaron a salirse del camino.

Corrió demasiado y se pusieron enseguida de noche lugares que debían seguir de día, y a otros los puso de día demasiado pronto pues tenían que seguir de noche más tiempo.

Incendió tierras, que se convirtieron en desiertos, y hubo lugares donde al acercarse demasiado el carro de fuego, a las personas se les puso la piel negra.

El padre de Faetón lo vio con el carro entre llamas despeñándose por el espacio.

Faetón terminó cayendo en un río y convirtiéndose en cisne.

  • ENSEÑANZA: No seas caprichoso y haz caso de los consejos de los que bien te quieren.

                                                                               FIN

    © Mª Teresa Carretero García

Helios and Phaeton

Phaeton was the son of Helios. His father drove the Sun’s Charriot from dawn to sunset. One day he asked his father for a wish and he agreed to grant him whatever he would ask for.

Phaeton was fanciful  and asked his father: please let me drive the Sun’s Charriot. He thought : my companions will then acknowledge that I really am the son of the Sun.

On hearing that wish, Phaeton’s father became very sad. He said:

I am so sorry: that is the only wish I cannot grant you!

Phaeton, very disappointed, said: you don’t grant my wish because you are not my father. If you really were, you would grant it to me.

So insistently did he ask once and again that his father finally agreed and let him drive the Sun’s Charriot.

Phaeton does not listen to advice

Before Phaeton mounted onto the Charriot, his father gave him good advice.

He said: Son, you must be careful in your ride, since the horses do not know you and might get frightened. Always follow the path and never get out of it. Don’t ever let go of the reins, as the horses might go astray. Use your intelligence in any difficulties. When you do something for the first time, you must do it moderately until you get a good command.

Phaeton was not listening to his father. He only thought of setting out with his horses and charriot of fire so that his friends could see it.

Phaeton causes great disasters

He finally held the reins and started driving the Charriot of fire.

The horses soon saw that he didn’t know how to drive and they got nervous. Phaeton was careless and spurred them on so hard that they started getting off their path.

He sped so much that lands which should stay in daylight soon got into darkness and on others it  dawned too early.

He set some coutries on fire so they became deserts, and in other countries people became black-skinned because the Charriot run so close on them.

Phaeton’s father saw him in flames with his Charriot falling down through the sky; he finally ended up in a river, changed into a swan.

MORAL OF THE STORY: Don’t be whimsical and heed the advice of those that love and care for you.

THE END

© Mª Teresa Carretero García
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