Cada vez son más los padres y educadores interesados en las nuevas aportaciones que puedan mejorar el aprendizaje de los niños y las niñas.
Está demostrado que solo los conocimientos académicos no son suficientes para la formación integral de nuestros alumnos y alumnas. Se tiene que atender también a lo que denominamos educación emocional.
Según el psicólogo D. Goleman ‘la educación emocional es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente nuestras relaciones’.
Esta herramienta, de gran utilidad para los niños y niñas, supone que desde pequeños hemos de enseñarles a reconocer y manejar sus propias emociones.
La psicóloga educativa C. Aladrén Bueno nos dice que los niños y niñas tienen que aprender a pensar antes de actuar, a reconocer y controlar su agresividad y su ira, a controlarse cuando están tristes o contentos. Esto es labor conjunta de padres y profesores.
Así podremos prepararlos para que puedan llegar a abordar con éxito las situaciones que la vida les depare, e incluso llegar a ser felices.

La educación emocional -saber gestionar los propios sentimientos- les proporcionará un bagaje que no solo les facilitará su aprendizaje sino que les preparará para su vida adulta.
La gestión de las emociones les ayudará a estar más motivados en la captación de conocimientos. Ello redundará en un mejor desarrollo intelectual.

La gestión de esa educación emocional controlando los propios sentimientos les aportará, en suma, lo siguiente:
-Más eficacia al aprender, que supondrá una mayor concentración a la hora de atender explicaciones o de estudiar, pues tendrán menos interferencias afectivas.
– Se verá aumentada la motivación, la curiosidad y las ganas de aprender.
-Verán ampliada su agudeza, intuición y percepción.
– Mejorará su sociabilidad, algo muy valioso en su formación.
Todo ello puede ser un ingrediente de su futuro éxito personal y, sobre todo, les hará más dueños de sus vidas y emocionalmente más felices.

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