Carioka era una joven bruja. Vivía en un pueblo pequeño. No tenía amigos, y su única compañía era un gato negro al que le faltaban varios dientes y que siempre estaba sonriendo.

A la bruja no le gustaban los niños, y lo que más le molestaba era sus risas y sus juegos: la enfurecían muchísimo.

Vivían ella y su gato a las afueras del pueblo, en una casa medio rota con ventanas y puertas que no cerraban.

Pasaban mucho frío en invierno, pues era muy torpe y no sabía arreglar nada que se rompiera en la casita… hasta que un día se oyó un ruido muy fuerte: ¡boom!;  y se derrumbó el techo.

Como era verano, a la bruja no le importó estar sin techo. Desde su cama veía la luna y las estrellas y a veces a las brujas volando en sus escobas.

Una noche comenzó a llover muy fuerte y la bruja y su gato se mojaron tanto que se pusieron enfermos. Como buena bruja buscó sus antiguas recetas mágicas para curar el resfriado, y decidió que no viviría más en una casa sin techo.

Un día dijo a su gato Trueno: Hay que buscar una casa antes de que llegue el invierno.

Se pusieron manos a la obra y después de mucho buscar, Trueno encontró una casa junto a un edificio que tenía un patio muy grande. Se cambiaron a la nueva casa al final del verano.

Un día que Carioka dormía le pareció oír risas y ruidos de niños. De pronto abrió un ojo, luego el otro. La bruja enrojeció de rabia, se le pusieron todos los pelos de punta.

Trueno dormía a sus pies. Se despertó y la miró sonriendo. Y la bruja, al verlo sonreír se enfureció tanto que le dio un puntapié y lo tiró de la cama. ¡No es posible, no me lo puedo creer!, gritaba Carioka. ¡Y de dónde vienen esas risas; dónde están esos niños!

Saltó de la cama y como un rayo se dirigió a la ventana mientras se tiraba de los pelos. Miró al patio y no podía creer lo que veía. Era imposible, no podía ser… ¡La casa de la bruja daba al patio de un colegio de niños!

Se enfadó tanto, que comenzó a dar golpes con su escoba a todo lo que encontraba a su paso y la escoba se rompió.

Carioka pensó: Qué tonta soy. Una bruja no puede estar sin escoba: ¿cómo volaré ahora? Bueno… ya la arreglaré.

Carioka dedicaba todo su tiempo a inventar cosas que asustaran mucho a los niños para que se fueran del patio.

Un día en el recreo un niño, muy asustado, dijo: Seño… mira al cielo. Todos se quedaron paralizados: había una casa boca abajo que se movía a gran velocidad abriendo y cerrando todas sus puertas y ventanas. Después apareció un burro que volaba y hacía ballet sobre una nube.

El asombro de los niños era muy grande y de pronto apareció un gran dragón que arrojaba fuego por la boca y bajaba a gran velocidad hacia el patio del colegio. Llenos de pánico, los niños gritaban y corrían de un lado a otro y de pronto, cuando casi estaba en el patio, el dragón desapareció. Creyó la bruja que eso sería suficiente para asustar a los niños… pero al día siguiente había otra vez niños en el patio.

Otro día hizo que cayera una gran tormenta de lluvia con rayos, ranas, barro rojo y viento en el patio del colegio.

Eso asustó muchísimo a los niños, pero la seño logró tranquilizarlos poco a poco contándoles muchas cosas bonitas sobre el agua y el viento, y los niños volvieron otra vez a salir al recreo.

Poco a poco comenzaba a agotarse la paciencia de Carioka, que, nerviosa, refunfuñaba sin parar.

La vez siguiente llenó sus grandes bolsillos de piedras, se montó en su escoba y comenzó a volar por encima del patio del colegio mientras arrojaba piedras. Los niños corrían asustados gritando.

Y cuando más divertida estaba Carioka, ¡zas! la escoba comenzó a dar vueltas y ella cayó al suelo. ¡Rayos y centellas, tengo que arreglar bien el palo de la escoba!, dijo mientras se estrellaba contra un poste y le salía un enorme chichón. Los niños, a lo lejos, reían y hacían palmas divertidos, mientras Carioka se quejaba de las magulladuras y muy enfadada decía: ¡me vengaré, me vengaré!

Todo le estaba saliendo mal, pero ella no se rendía. Por fin pensó en poner en práctica un plan que nunca le había fallado, y dijo: Tiraré un rayo sobre el colegio y lo destruirá. Y pronunció las palabras mágicas…

Pero estaba tan enfadada que se equivocó y el rayo dio la vuelta y fue hacia ella partiéndola en dos.

Asustada, Carioka echó a llorar. Tenía mucho miedo, pues nunca había estado partida en dos, y juró que nunca más asustaría a los niños si volvía a ser Carioka Entera.

De pronto recordó todas las palabras mágicas, las repitió y volvió a ser ella. Se sintió feliz y arrepentida.

Por primera vez en su vida acarició a Trueno, que del susto dejó de sonreír. Dijo a su gato: Mañana iré al pueblo y buscaré un carpintero que nos ponga dobles ventanas. Así no escucharé las risas y los juegos de los niños; y de todas formas, en las vacaciones descansaré de ellos. Trueno la miraba sonriendo mientras Carioka le volvió a acariciar el lomo.

El gato pensaba: esta no es mi bruja, que me la han cambiado.

FIN

© Mª T Carretero

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