Cacarear y no poner huevo no es nada bueno
Antonio era un niño a quien le encantaban las cometas. Su gran ilusión era participar en un concurso de cometas que hacían en el pueblo de su madre..
Para participar, él mismo se había de construir una cometa.
Antonio era muy buen dibujante. Mi cometa será de colores brillantes para que se vea desde lejos, y tendrá unos dibujos preciosos, pensó: Solo me falta aprender cómo se construye una cometa.
Lydia, compañera en el cole, sí sabía construir cometas: había hecho algunas muy espectaculares.
Te ayudaré, le dijo Lydia; aprenderás a hacer cometas; haremos una espectacular y eso te convertirá en un verdadero especialista.
Quedaron en verse en casa de Antonio un sábado. Aquella mañana, Antonio se levantó temprano y preparó los materiales para que Lydia le enseñase. Pasaba el tiempo y su mamá dijo: ¿No está tardando un poco tu amiga?, quizá se haya perdido…
El lunes, en el colegio, Antonio le preguntó: ¿Qué te ha pasado, Lydia, que no viniste?
Es que me fui con una amiga –fue toda su explicación.

Antonio ya no confió más en ella. Lydia no cumplió lo prometido.

Siempre que se promete algo, hay que cumplirlo…

Cacarear y no poner huevo no es nada bueno

Cada maestrillo tiene su librillo
Carolina ha aprendido a hacer galletas de chocolate y miel. Abuela María, ¿me enseñarías a hacer galletas, por favor? Le dijo un día.
Claro que sí, Carolina, dijo la abuela.
Mira: para cocinar tienes que tener mucha paciencia y hacer las cosas despacio.
Con paciencia, Carolina fue haciendo todo lo que la abuela le decía. Se convirtió en la niña del barrio que hacía las más ricas galletas de chocolate y miel.
Llevó, claro, sus famosas galletas a la fiesta del cole. Pero Marquitos, un niño nuevo, llevó también una bandeja con galletas de miel y chocolate. Gustaron mucho.
Carolina estaba un poquito celosa, porque sus galletas siempre habían sido las mejores de todas. Estuvo dando vueltas por el salón…. Al cabo de un rato se acerco al niño: ¿Cómo haces tú las galletas, Marquitos?, le dijo. El niño se lo explicó.
Así no es como se hacen, dijo Carolina: las buenas son las que hace mi abuela María.
Tu pruébalas insistió Marquitos.
Cuando Carolina las probó dijo: Uh, uh, uh… están riquísimas.
Marquitos apostilló: Verás, es que…

Cada maestrillo tiene su librillo.

FIN

©Mª Teresa Carretero García

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